La hiperplasia prostática benigna es un agrandamiento no canceroso de la próstata, común en hombres mayores. Sus síntomas incluyen dificultad para orinar y sensación de vaciado incompleto de la vejiga. Aunque no tiene cura definitiva, la condición puede tratarse. ¡Descubre más!
La hiperplasia prostática benigna (HPB) es una condición relativamente común.
Es decir, la mayoría de los hombres, en algún momento de la vida, puede desarrollar algún grado de HPB.
Según datos del estudio publicado en el International Neurourology Journal (2017), la prevalencia de la HPB aumenta progresivamente con la edad: se estima que cerca del 8 % de los hombres entre 40 y 49 años ya presentan signos de la condición. Este número sube al 50 % en el rango de 50 a 60 años y supera el 80 % en hombres mayores de 80.
Aunque la condición puede generar preocupación, existen diferentes opciones de tratamiento disponibles.
Continúa leyendo para entender más sobre la HPB.
¿Qué es la hiperplasia prostática benigna?
La hiperplasia prostática benigna (HPB) es una condición que afecta la próstata — glándula del sistema reproductor masculino ubicada cerca de la vejiga y la uretra.
Se caracteriza por el agrandamiento benigno de la próstata a medida que los hombres envejecen, siendo popularmente conocida como “próstata aumentada”.
¿Qué causa la hiperplasia benigna de próstata?
Esta condición médica consiste en el aumento del número de células de la próstata. Aún no se sabe exactamente por qué ocurre, pero todo indica que está relacionado con factores hormonales — principalmente la testosterona y la dihidrotestosterona (DHT).
Especialmente después de los 50 años, la producción de estas sustancias tiende a disminuir, favoreciendo el crecimiento de la glándula. No en vano, la hiperplasia prostática afecta cerca del 50 % de los hombres en ese rango etario, y hasta el 80 % de los pacientes mayores de 90 años pueden presentar el agrandamiento benigno de la próstata, según la Sociedad Brasileña de Urología (SBU).
Los factores genéticos y los antecedentes familiares también pueden influir en el desarrollo de la condición.
¿Cuáles son los síntomas comunes de la hiperplasia prostática?
Los síntomas más comunes de la hiperplasia prostática incluyen las siguientes condiciones:
- Dificultad para iniciar la micción;
- Sensación de vaciado incompleto de la vejiga;
- Aumento de la frecuencia urinaria, incluso durante la noche (nocturia);
- Necesidad de orinar cada vez más urgente y repentina;
- Chorro urinario débil;
- Goteo al final de la micción;
- Infecciones urinarias (en algunos casos, los síntomas pueden causar infecciones en el tracto urinario, como uretra, vejiga, riñones);
- Alteraciones en la pared muscular de la vejiga.
¿La hiperplasia prostática benigna tiene cura?
Aunque no es peligrosa, la hiperplasia puede manejarse con seguimiento médico, especialmente cuando los síntomas urinarios impactan la calidad de vida. En tales situaciones, el urólogo podrá evaluar la conducta más adecuada.
Factores de riesgo de la HPB
Diversos factores pueden aumentar el riesgo de desarrollar hiperplasia prostática, como se indica a continuación:
- Edad: el riesgo aumenta significativamente con el envejecimiento;
- Antecedentes familiares: tener parientes cercanos con HPB puede aumentar el riesgo;
- Alteraciones hormonales: desequilibrios, especialmente relacionados con la testosterona y sus derivados;
- Obesidad: el exceso de peso puede asociarse a un mayor riesgo;
- Estilo de vida sedentario: la falta de actividad física regular puede contribuir;
- Enfermedades crónicas: condiciones como diabetes y cardiopatías están ligadas a un mayor riesgo;
- Dieta: una alimentación rica en grasas y pobre en frutas y verduras puede aumentar el riesgo.
¿Cómo se realiza el diagnóstico?
El diagnóstico de la HPB suele implicar las siguientes etapas:
- Historia clínica y examen físico, incluido el examen de tacto rectal;
- Análisis de orina y sangre para descartar otras condiciones;
- Pruebas de imagen, como ecografía;
- Uroflujometría (medición del flujo urinario);
- Cistoscopia (examen visual de la vejiga y la uretra).
Posibles complicaciones de la HPB
Si no se trata, la hiperplasia prostática benigna puede provocar complicaciones en algunos casos.
A medida que la próstata crece, puede comprimir la uretra y dificultar el paso de la orina, lo que conduce a problemas para orinar y a la retención urinaria aguda—que es dolorosa y requiere atención médica urgente.
Existe también el riesgo de complicaciones secundarias, como infecciones urinarias recurrentes, formación de cálculos en la vejiga e incluso daño renal progresivo en cuadros severos.
Tratamientos indicados para la HPB
Existen diversos tratamientos para la HPB y solo una consulta con un urólogo podrá determinar cuál es el mejor, tras un análisis minucioso del paciente. A continuación, se muestran los principales tratamientos disponibles.
Medicamentos
- Alfa‑bloqueadores: relajan los músculos de la próstata y del cuello vesical, facilitando la micción. Ejemplos: tamsulosina, alfuzosina y doxazosina;
- Inhibidores de la 5‑alfa‑reductasa: reducen el tamaño de la próstata al bloquear la conversión de testosterona en dihidrotestosterona (DHT). Ejemplos: finasterida y dutasterida;
- Combinación de medicamentos: en ocasiones se prescribe una combinación de alfa‑bloqueadores e inhibidores de 5‑alfa‑reductasa para mejores resultados;
- Antibióticos: pueden prescribirse si hay infección urinaria asociada;
- Anticolinérgicos: se utilizan para aliviar síntomas de vejiga hiperactiva que pueden coexistir con la HPB;
Cirugía
- Resección transuretral de la próstata (RTUP): procedimiento más común, en el que se extrae parte de la próstata a través de la uretra;
- Incisión transuretral de la próstata (ITUP): similar a la RTUP, pero implica pequeñas incisiones en la próstata para aliviar la obstrucción;
- Prostatectomía abierta o asistida por robot: utilizada para próstatas muy grandes, donde se extirpa parte de la glándula a través de una incisión abdominal.
¿Cómo evitar la hiperplasia prostática benigna?
No es posible evitar la enfermedad, pero sí es totalmente posible obtener un diagnóstico precoz y realizar seguimiento para evitar un tratamiento quirúrgico.
A partir de los 50 años, el hombre debe consultar al urólogo al menos una vez al año.
Además de verificar su salud sexual, el médico realiza el tacto rectal para evaluar el tamaño de la próstata, lo que también permite diagnosticar el cáncer de próstata de forma precoz.
Otros exámenes también pueden solicitarse, como el PSA, que evalúa la existencia de tumores, el examen de orina, que muestra si hay infecciones o sangre, y la ecografía para comprobar la forma y densidad de la glándula prostática.
¿La hiperplasia prostática es lo mismo que el cáncer de próstata?
No, la hiperplasia prostática benigna (HPB) y el cáncer de próstata son condiciones diferentes, aunque ambas afectan la próstata.
La HPB es un agrandamiento no canceroso de la próstata que ocurre con frecuencia debido al envejecimiento y a cambios hormonales. Es una condición benigna que, aunque no amenaza directamente la vida, puede impactar significativamente la calidad de vida masculina.
El cáncer de próstata, en cambio, es una condición maligna caracterizada por el crecimiento de células anómalas en la próstata, que pueden diseminarse a otras partes del cuerpo, un proceso conocido como metástasis.
Inicialmente, el cáncer de próstata puede ser asintomático, pero los síntomas avanzados incluyen dificultad para orinar, sangre en la orina, dolor óseo, pérdida de peso y fatiga.
A diferencia de la HPB, el cáncer de próstata puede poner en riesgo la vida si no se detecta y trata precozmente.
A pesar de las similitudes en los síntomas iniciales, como la dificultad para orinar, la HPB y el cáncer de próstata requieren enfoques diferentes para el diagnóstico y el tratamiento.
¿La hiperplasia benigna de próstata aumenta el PSA?
Sí, la hiperplasia prostática benigna puede aumentar los niveles de PSA (antígeno prostático específico) en la sangre.
El PSA es una proteína producida por las células de la próstata, y sus niveles pueden elevarse en varias condiciones, incluida la HPB.
A medida que la próstata aumenta de tamaño debido a la HPB, la producción de PSA también puede incrementarse.
De esta manera, la hiperplasia puede dañar o irritar las células prostáticas, llevando a la liberación de más PSA en la sangre.
El PSA alterado puede indicar la presencia de HPB, pero también puede ser una señal de cáncer de próstata u otras condiciones prostáticas.
Por eso, el control regular de los niveles de PSA es importante para evaluar la salud de la próstata.
¿La hiperplasia prostática puede afectar la función sexual?
La HPB puede, efectivamente, afectar la función sexual de varias maneras.
La ansiedad y la incomodidad constantes causadas por la urgencia urinaria y la sensación de vaciado incompleto de la vejiga pueden afectar el deseo sexual y la capacidad de mantener una erección.
Además de los impactos psicológicos, existe una relación directa entre la HPB y la función eréctil.
El agrandamiento de la próstata puede provocar inflamación, interferir en la circulación sanguínea y dañar los nervios de los órganos genitales, lo que puede perjudicar la erección y contribuir a la disfunción eréctil.
Asimismo, los tratamientos para la HPB, como los medicamentos y las cirugías, pueden tener disfunciones sexuales como efectos secundarios.
Los fármacos utilizados pueden causar eyaculación retrógrada y disfunción eréctil.
¿Notas síntomas de disfunción eréctil? Busca ayuda médica
Dificultad para obtener o mantener una erección, pérdida de rigidez, disminución de la libido o inseguridad durante el acto sexual pueden indicar que algo no funciona bien en el organismo.
Estos signos, aunque comunes con el avance de la edad, no deben considerarse normales.
La investigación precoz de los síntomas puede ampliar las posibilidades de abordaje clínico y mejorar el manejo de los impactos en la vida sexual.
Si notas estos signos, habla con el Dr. Paulo Egydio, urólogo con más de 25 años de experiencia en el tratamiento de disfunciones sexuales masculinas.
Ante cualquier duda, es importante buscar a un profesional cualificado para una evaluación individualizada.
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