La terapia manual es un conjunto de ejercicios que utilizan técnicas de tracción sin la ayuda de dispositivos para aumentar la flexibilidad de los tejidos del pene. El objetivo es estirar el pene y alargar los tejidos retraídos.
Con el pene completamente flácido (nunca en estado de erección), se debe tirar de la piel hacia atrás y traccionar la corona del glande, alejándola del cuerpo y sosteniéndola durante unos 5-10 minutos.
Esto puede hacerse varias veces al día.
Este tipo de ejercicio para la curvatura del pene debe realizarse lo antes posible para minimizar el proceso fibrótico.
Los extensores penianos y las bombas penianas son dispositivos que estiran el pene sin necesidad de usar las manos, con el objetivo de restaurar la elasticidad perdida. Se colocan en el pene para realizar ejercicios de estiramiento de los tejidos.
Existen dos tipos principales de tratamientos para mejorar la rigidez peniana y la longitud: el extensor y la bomba peniana. El extensor está compuesto por varillas de silicona que, ajustadas en la corona del glande, mantienen el pene estirado, favoreciendo el alargamiento. Los pacientes sin una glande pronunciada pueden necesitar adaptaciones, como una versión del dispositivo que crea un vacío solo en la región del glande. Por otro lado, la bomba peniana crea un vacío alrededor del pene, aumentando el flujo sanguíneo y ayudando a lograr erecciones. Este dispositivo puede usarse como una alternativa o complemento al uso de extensores, dependiendo de las necesidades específicas del paciente.
Al igual que los ejercicios manuales para la Enfermedad de Peyronie, el uso del extensor debe comenzar tan pronto como aparezcan los síntomas para evitar la progresión de las fibroses.